En la segunda mitad del siglo XVIII, las ideas de los pensadores ilustrados sobre el hombre, la razón, el progreso y la perfección fueron plasmadas en una obra magna llamada Diccionario razonado de las ciencias, las artes y los oficios, que en 28 volúmenes ordenados alfabéticamente plantean lo hasta el momento mejor conocido sobre las ciencias y las artes.
Fue planeada inicialmente como una traducción y adaptación de la Cyclopaedia británica de Chambers en 1745 por el editor André Le Breton, pero en 1747 decide encargarles la magna obra a Diderot y d’Alembert, los cuales transformaron el proyecto en algo totalmente original.
El primer volumen apareció en 1751 con una doble función: informativa y de polémica ideológica al rechazar la autoridad y la tradición en nombre del progreso, lo que causó gran escándalo y violentos ataques que estuvieron a punto de paralizar la obra por prohibición y escasez de recursos económicos, que fueron solventados por cerca de 4000 suscriptores. Finalmente se completó en 1772 con 17 volúmenes de texto y 11 de grabados.
Algunos colaboradores que innovaron, pero que fundamentalmente dieron un instrumento de lucha ideológica dignos de mención son: Voltaire, Montesquieu, Buffon, Grim, Rousseau, Marmontel, Quesnay, Turgot, Holbach, Falconet, entre otros, que escribieron eruditos artículos que van desde música, crítica literaria, economía, química, y ciencias naturales hasta geografía, historia y escultura.
La Enciclopedia, tuvo grandes repercusiones no sólo en la sociedad europea, sino también en la americana, ya que las burguesías fueron influenciadas por esta nueva filosofía que proponía devolver a los hombres sus derechos de carácter sagrado, inalienables e imprescriptibles: la libertad, la seguridad, la igualdad y la propiedad privada, que se oponen a la opresión.
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