Programa de Cómputo para la Enseñanza: Cultura y Vida Cotidiana: 1920-1940

Historia de México II Segunda Unidad: Reconstrucción Nacional e Institucionalización de la Revolución Mexicana 1920-1940

Cultura y Vida Cotidiana en México (1920-1940)

Propósitos: Valorar algunas manifestaciones socioculturales influidas por el nacionalismo revolucionario y su impacto sociocultural

Mayo de 2012

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Un nuevo nacionalismo posrevolucionario

 

Ver: Los ideólogos del nacionalismo que impulsó la Revolución

 

 

Se ha señalado que durante los gobiernos de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles se inició un nuevo proceso de modernización nacional, que tuvo como características:

 

a) La conversión de los integrantes del pueblo en ciudadanos, lograda mediante su participación no violenta en formas de colaboración social y de organización política;

b) La renovación de las estructuras gubernamentales para generar el desarrollo de empresas públicas y afrontar las demandas de la población, controlando las tensiones sociales; y

c) El integrar la diferenciación entre gobierno y política, distinguiendo su especificidad funcional, mediante la construcción de instituciones y organizaciones públicas que transformaron al país.

 

Esto permitió sustituir, con instituciones sociales y políticas, la decimonónica autoridad de los caudillos haciendo uso de las leyes emanadas de la Constitución de 1917, que depositaban en la Presidencia la suprema autoridad pública, para proporcionar estabilidad y permanencia a un régimen de gobierno que mantendría el control de la sociedad en general, por ocho décadas.

Los gobiernos de Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles

 

Sesión escolar AGN, Colección Fotográfica de la Presidencia, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles

En este proceso se impuso, comenta Díaz Arciniega (2010), un nuevo sistema ideológico:

…que se inicia desde la infancia y tiene como itinerario la escuela, la iglesia, el ejército, la justicia, la cultura, las diversiones y, por supuesto, las organizaciones políticas como los sindicatos y los partidos.

 

Estos cambios se dieron enmarcados en un renovado nacionalismo, que incluyó el interés no sólo por los nacientes conjuntos obreros y los miserables grupos urbanos, sino también por lo rural y el indigenismo; con la preocupación por procurar atender las demandas socioeconómicas de los sectores más necesitados y buscar contener las protestas que se habían generalizado en forma violenta con la guerra revolucionaria. Que se manifestaron con un creciente movimiento cultural, apunta Florescano (2005), el cual contó con el soporte financiero gubernamental y el apoyo, voluntario o por la fuerza, de la intelectualidad de la época que permitiera, como señaló José Vasconcelos:

…arrancar a la población de la barbarie que la hacia manipulable y explotable por tiranos y hacendados, y a la cultura de la estupidez anémica y sumisa de las clases provincianamente cultas.

 

La renovación educativa

Ver: La Reforma Educativa y la Autonomía Universitaria (1920-1940)

 

Esta movilización se inició románticamente por Vasconcelos, continua Florescano, desde la Universidad Nacional y como su Rector, como la realización de:

…una cruzada de educación pública; haciendo un llamado a los intelectuales para que fueran los inspiradores de un entusiasmo cultural semejante al fervor que ayer ponía nuestra raza en las empresas de la religión y la conquista…

 

Para abolir la explotación de los más débiles y elevar el nivel espiritual de los mexicanos mediante la educación, se creó un nuevo organismo centralizado gubernamental, la Secretaría de Educación Pública, que debería participar en lograr la reconciliación de los grupos que la guerra civil había dividido, además de lograr reconstruir al país a partir de ideales colectivos promovidos por el Estado mediante un proceso de regeneración y unificación social en torno a la formación de ideales colectivos, con la creación de símbolos que unificaran a la población.

 

Como ha señalado Britton (1972), el interés del gobierno se enfocó hacia los grandes problemas sociales, teniendo como prioridad la educación de la población campesina, que era predominantemente indígena y analfabeta. Para algunos (Brading y Cavieres, 2004), el gran cambio producto de la Revolución consistió en la destrucción del viejo sistema que había llegado a ser una gerontocracia, por la falta de renovación de sus cuadros; que se logró mediante la destrucción de su ejército por los levantamientos armados en el Norte y los movimientos populares en el centro.

 

Niña campesina. AGN, Colección Fotográfica de la Presidencia de la República, Lázaro Cárdenas

 

Entonces comenzó a surgir la necesidad para los nuevos gobiernos revolucionarios, por la movilización popular, de incorporar a las masas dentro de la nación, lo que sólo podría lograrse mejorando la economía y difundiendo la educación para crear una cultura nacional. Ya que, hasta la Revolución, el indio y sus comunidades se veían como un problema, sin que se encontrara algo positivo en los valores indígenas; para el México prerrevolucionario los indígenas eran personas miserables, pasivas, inertes, que integraban un obstáculo para el país.

 

Por ello, se puede considerar que la expansión del sistema escolar en las zonas rurales, en los años de las décadas de 1920-1940, integró un esfuerzo básico del proceso de reconstrucción nacional, que no sólo buscaba impulsar la modernización de los centros urbanos, sino paliar el aislamiento económico, social y cultural de quienes se hallaban en la posición más desfavorecida en la base de la escala socioeconómica.

 

Moisés Sáenz Garza

 

La reconciliación nacional

 

Con la presidencia en manos de Obregón, señala Collado (2006), renació la tranquilidad entre la clase alta, después de una diáspora de la élite social hacia los EUA y Europa entre los años de 1914 y 1916, sin que desapareciera el recelo hacia los militares revolucionarios. Una de las iniciales celebraciones de esta reconciliación de la nueva sociedad posrevolucionaria, se daría con las festividades para celebrar la primavera en 1921, que fue convocada por el Ayuntamiento de la Ciudad de México y las Confederaciones de Cámaras Industriales y de Comercio; a la que siguieron las fiestas de Conmemoración del Centenario de la Consumación de la Independencia.

 

Festividades que reunieron a la élite gobernante con la élite económica, la crema y nata de la anterior sociedad porfiriana, quienes si antes vivían a lo largo del Paseo de la Reforma o las colonias Roma, Condesa y San Rafael, ahora emigraban hacia Chapultepec y las colonias San Ángel, Polanco y la Del Valle. Ambos grupos buscaban mostrar al mundo el fin de la guerra civil, el compromiso por modernizar al país y lograr el pleno reconocimiento diplomático de los EUA y la Gran Bretaña, además de la reanudación de los negocios, que a todos convenía.

 

Desfile militar del Centenario de la Independencia (1921) [Collado, 2006: 93]

 

Desfile del Centenario de la Consumación de la Independencia, 1921 (El Zócalo antes de la construcción del nuevo edificio municipal) AGN, Archivo Fotográfico Díaz, Delgado y García

Primer lugar en las fiestas de la primavera de 1923 [Collado, 2006: 95]

 

No faltaron los elementos del creciente nacionalismo en estas festividades, como chinas poblanas, charreadas, corridas de toros y exposiciones de arte folklórico entre otras actividades, además de la presencia de la Iglesia Católica que buscaba renacer ante una década de anticlericalismo revolucionario, que organizó procesiones para pedir lluvias ante la sequía de 1921, con una procesión acompañada de la Virgen de Los Remedios, además de un te deum por el centenario de la nación en el templo de La Profesa de la Ciudad de México. Mientras el gobierno de la ciudad limpiaba de vagos y menesterosos el centro, además de regalar ropa a los pobres, para que lucieran menos desarrapados en estas fiestas. Se procuró que algunos de los eventos fueran gratuitos, para marcar la diferencia con las fiestas porfiristas del centenario, en 1910, además de festinarse lo indígena y el mestizaje, entre otras manifestaciones con el concurso de La India Bonita.

 

Para 1923, en las festividades de la primavera, hicieron su aparición los elementos de la publicidad orientada a la modernidad de la vida doméstica, con desfiles de carros alegóricos que incluyeron, además de los diversos elementos nacionalistas e indigenistas, tubos de pasta dental, zapatos, artefactos eléctricos como ventiladores, planchas y estufas, además de cigarrillos, mientras en el Hemiciclo a Juárez de la Alameda se mezclaban en la tribuna de personalidades las viejas familias porfiristas con las autoridades y los delegados estadounidenses.

María Bibiana Uribe, la India Bonita Centenario de la Consumación de la Independencia, 1921. AGN, Archivo Fotográfico Díaz, Delgado y García

 

El presidente Obregón y su esposa María Tapia en la corrida de toros de Covadonga. AGN, Archivo Fotográfico Díaz, Delgado y García

El protagonismo eclesiástico fue en aumento, para 1922 se colocó la primera piedra de la Iglesia del Purísimo Corazón de María, por el delegado del Vaticano, monseñor Ernesto Filippi, la cual fue edificada posteriormente totalmente con concreto en la naciente Colonia del Valle, además bendecirse la Iglesia de Nuestra Señora del Sagrado Corazón en el Paseo de la Reforma. En el primero de estos eventos se organizaron corridas especiales de tranvías desde el Zócalo al lugar de construcción del templo, a cuyo ritual asistieron el director de la Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey, Adolfo Prieto, además del director del Banco Nacional de México, Agustín Legorreta; en el segundo evento, los padrinos del templo fueron los embajadores de Italia, España y Chile, además de las esposas de los secretarios de Relaciones Exteriores, Alberto J. Pani, y de Industria, Comercio y Trabajo, Miguel Alessio Robles.

 

Sin dejarse de mencionar el renacer del hispanismo, que se festejaba por la comunidad ibérica con las Fiestas de Covadonga, que celebraban con misas en el Templo de Santo Domingo; en especial la de 1922, presidida por monseñor Filippi, a la cual asistieron la esposa del Presidente de la República, María Tapia de Obregón, vestida a la española con peineta y mantilla, acompañada del canciller Pani y su esposa, además de personalidades de la industria textil y los Caballeros de Colón. Estas celebraciones se acompañaban de desfiles de carros alegóricos, que partían del Zócalo, atravesaban Paseo de la Reforma y terminaban en el hipódromo de la Condesa.

 

Que sería convertido en fraccionamiento de lujo tres años después, mientras las actividades equinas, y las propias del nuevo entretenimiento de los ricos relacionadas con la difusión del golf, se trasladaban a los terrenos del fraccionamiento Chapultepec Heights (Lomas de Chapultepec), dejando los campos de Balbuena y del Chivatito (Campo Marte) para los militares; únicamente se reunirían estos grupos en torneos de polo y equitación en años posteriores.

 

La iniciación de un nuevo templo en el Cerro del Cubilete, en 1923, disminuiría este protagonismo católico (en 1925 se bendijo el Templo de la Sagrada Familia en la Colonia Roma), que conduciría a la expulsión del país de monseñor Filippi, lo que anunciaba el inicio de una confrontación mayor de la Iglesia Católica con el Estado, por lo que las siguientes celebraciones de la reconciliación nacional se darían en contextos más laicos.

 

Ceremonia en el Cerro del Cubilete, Guanajuato, para el inicio de la construcción del monumento a Cristo Rey. Fue colocada la primera piedra el 11 de enero de 1923 AGN, Archivo Fotográfico Díaz, Delgado y García

 

Como sucedió en la fiesta del carnaval en 1926, organizada con el patrocinio de la Cámara de Comercio de la Ciudad de México y los periódicos El Universal y El Universal Gráfico; concebido significativamente como homenaje a la mujer que trabaja, en donde fue electa reina del carnaval Ernestina Elías Calles, hija del presidente, quien era un claro ejemplo de las féminas modernas de los alocados años de 1920, ya que vestía a la última moda y gustaba de los deportes de alto riesgo, como el automovilismo. La fiesta incluyó una Gran Feria Comercial en las calles del centro de la Ciudad de México, que mostró a la concurrencia los nuevos valores de la modernidad que se pregonaban.

 

Sin embargo, como señala Collado (2006: 115), las relaciones entre la élite gobernante y la católica durante los años de la década de 1920, reflejan las paradojas generadas por el gran deseo de reconocimiento y aceptación social del grupo gubernamental, como se muestra con la boda religiosa de la hija de Calles, Hortensia Elías Calles, con el secretario particular de Obregón, Fernando Torreblanca en 1922; donde figuraron como padrinos el presidente y su esposa, además del propio Calles, quien no asistió a la iglesia siendo representado por su hijo, y su mujer.

 

Boda religiosa de Hortensia Calles

Ayer por la mañana se efectuó el matrimonio de la señorita Hortensia Elías Calles, hija del señor general don Plutarco Elías Calles, secretario de Gobernación, con el señor don Fernando Torreblanca, secretario particular del Presidente de la República. Esta boda se había suspendido por la enfermedad del señor general Obregón. Los padrinos de manos fueron el general don Plutarco Elías Calles, representado por su hijo Plutarco, y la señora doña Natalia Chacón de Calles. De velación, el general don Álvaro Obregón y la señora doña María Tapia de Obregón. El matrimonio se efectuó en la iglesia de Santa Brígida. [El Universal, martes 8 de agosto de 1922] AGN, Archivo Fotográfico Díaz, Delgado y García

Ernestina Calles, reina del carnaval de 1926. AGN, Archivo Fotográfico Díaz, Delgado y García

El culto del Niño Fidencio (1928)

 

Estas limitaciones de la expresividad religiosa se magnificarían entre 1926 y 1929, en ocasión del cierre de los templos católicos por la Guerra Cristera. Situación de descontrol religioso que daría pauta para la multiplicación de seudo rituales católicos relacionados con santones y curanderos, como el culto del Niño Fidencio, José Fidencio de Jesús Síntora Constantino, quien a partir de su llegada a Nuevo León desde Guanajuato en 1921, empezó a realizar curaciones en la Estación Espinazo del Ferrocarril, en Mina N. L.

 

Como apunta Cavazos (1994), atendía partos, enfermos de la vista y de la piel, paralíticos y hasta dementes; meciendo a los enfermos en columpios, administrándoles pócimas, azotes y baños en un charco, además de practicar operaciones quirúrgicas con un trozo de vidrio de botella.

 

El Niño Fidencio, Estación Espinazo, N. L. (1928)

 

Se le consideraba adivino y telépata, y sus rituales incluían frotaciones, además de la administración de bendiciones desde una azotea, desde la cual arrojaba frutas y otros objetos, cuya posesión suponían las personas que les permitirían sanar. Dentro de sus rituales bautizó, casó y dio la extremaunción, supliendo la clausura de los templos y obrando como ministro de Dios. El mismo presidente Calles visitó el lugar, el 8 de febrero de 1928, acompañado de los generales Joaquín Amaro y Juan Andrew Almazán, el gobernador Aarón Sáenz y el Secretario de Agricultura Luis L. León, surgiendo la leyenda que fue uno de los pacientes del Niño Fidencio.

 

Casa de Carlos González de Cosío, en Paseo de la Reforma 234 [1926], de Manuel Ortiz Monasterio. Fototeca Nacional del INAH, Fondo Casasola

La renovada aristocracia mexicana, que vivía en enormes residencias de estilos Colonial californiano, Deco y Neocolonial, asistía a los centros deportivos: Churubusco Country Club, Deportivo Chapultepec y Chapultepec Heights Country Club; tenían almuerzos bailables en el restaurante San Ángel Inn, cuya popularidad creció con la moderna urbanización de la Avenida Insurgentes entre 1921-1924, además de asistir al nuevo cabaret del Hotel Regis en el centro de la ciudad, y al Casino Español, en donde la música estadounidense tocada por orquestas interpretaba los nuevos ritmos del fox trot, charleston y jazz, mezclándose esta música con los danzones, pasodobles, tangos, valses, boleros y piezas mexicanas; degustaban comidas propias de las nuevas reglas culinarias a base de platos fríos, en bufetes, que se generalizarían para los años de la década de los años de 1930.

 

La transformación de los caudillos militares de políticos a empresarios fue la constante en esos años, como se muestra con la boda de Alicia Ávila Richardy, hija del gobernador poblano Maximino Ávila Camacho, hermano del candidato a la Presidencia de la República en 1940, Manuel Ávila Camacho, como comenta Collado (2006: 119); evento que reunió a empresarios con políticos como el expresidentes Emilio Portes Gil y quien sería el Secretario de Relaciones Exteriores de Ávila Camacho, Ezequiel Padilla, quienes gozosos festinaron los regalos dados a los contrayentes por los hermanos Ávila Camacho: un automóvil de lujo marca Buick para el novio, por Maximino, y un broche de brillantes y zafiros para la novia por su tío, el futuro Presidente de la República; por supuesto, uno de los invitados, el presidente Lázaro Cárdenas, no asistió a la boda.

 

Ver: El desarrollo soviético y la izquierda mexicana en los años de 1920 a 1940

 

Por otra parte, en el contexto de las relaciones sociales obrero-patronales se multiplicarían los homenajes de los primeros hacia los empresarios, en el contexto del control establecido por la CROM entre los trabajadores; como la fiesta organizada por los empleados de la fábrica de calzado Excélsior, con motivo del onomástico del dueño Carlos B. Zetina; o la despedida brindada a Adolfo Prieto con motivo de su viaje a Europa en 1929, por el Sindicato Reforma, Libertad y Derecho de la Fábrica de Hilados y Tejidos La Victoria que, como señala Collado (2006: 107):

…evidenciaba el espíritu paternalista en la relación de ciertos patrones hacia sus trabajadores…reproducía las fiestas familiares donde los asistentes solían presentar diversos números de canto, baile, poesía y teatro.

 

La construcción de carreteras incrementó el turismo y la construcción de casas de descanso para la aristocracia en las cercanías de las principales ciudades, como Cuernavaca y Chapala, además de multiplicar los viajes hacia las costas del Pacífico y el Golfo de México. Adicionalmente, se facilitó el transporte en cómodos carros pullman en los ferrocarriles, cuyos servicios fueron afectados por las acciones derivadas de las insurrecciones militares y la Guerra Cristera, estabilizándose las comunicaciones para la década de los años de 1930.

Fiestas Patrias en San José del Cabo, B.C. [1923]

La retórica nacionalista encontraba canal de expresión en cualquier cosa. AGN, Colección Fotográfica de la Presidencia de la República, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles

 

La Guerra Cristera

Ver: Antecedentes del Conflicto de 1926-1929 entre la Iglesia Católica y el Estado Mexicano

 

En el Congreso Constituyente de 1917 la comisión encargada de redactar el artículo 130º, Paulino Machorro y Narváez, Carlos Méndez Alcalde, Heriberto Jara Corona y Cecilio Garza González, superaron la propuesta de Venustiano Carranza en el ámbito religioso, la cual estaba centrada en el principio de la libertad religiosa y la prohibición del culto fuera de la Iglesia; al considerar que la Iglesia era responsable de haber intervenido contra Francisco I. Madero, y haber proporcionado ayuda moral y económica a Victoriano Huerta, lo que condujo a una virulenta persecución posterior por parte de los Constitucionalistas. Por lo que el contenido de los artículos constitucionales: 3º, 5º, 24º, 27º y 130º, que se refieren a la relación Estado-Iglesia, señala Mutolo (2005), establecieron lo siguiente:

1) No se le reconoció personalidad jurídica a ninguna iglesia;

2) Las legislaturas locales tuvieron facultades para limitar el número de ministros de culto, que debían ser mexicanos de nacimiento, además de indicar la elaboración de un registro para todos los encargados de los templos;

3) Se negaron a los ministros de culto las garantías y derechos de voto, y de asociación con fines políticos, libertad de expresión incluso en reuniones privadas; además de negarse a los fieles de cualquier confesión religiosa las garantías y derechos de redactar y publicar escritos sobre política nacional, así como de reunión y asociación para la formación de partidos políticos confesionales;

4) Se prescribió la enseñanza laica en las escuelas, que no podían ser fundadas o dirigidas por órdenes religiosas o ministros de culto y los certificados de estudio obtenidos en seminario no tenían validez alguna;

5) Se prohibió todo tipo de promesa o juramento de votos religiosos y órdenes monásticas;

6) Se mantuvo la libertad religiosa y se prohibió el culto público fuera de las iglesias;

7) Se mantuvo la prohibición para las iglesias de adquirir, poseer o administrar bienes inmuebles y capitales; y

8) Se estableció el registro de los ministros de culto y de las iglesias.

Hilario Medina, Heriberto Jara y Francisco J. Múgica. Integrantes de la Comisión de Puntos Constitucionales, 1916-1917. Fotógrafo: José Mendoza: Historia Gráfica del Congreso Constituyente de 1916-1917, Querétaro de Arteaga, 1917. AGN, Colección Fotográfica del Congreso Constituyente de Querétaro

 

Obispo Francisco Orozco y Jiménez

La Iglesia Católica, en voz de los arzobispos de México, Michoacán, Yucatán, Linares y Antequera, y de todos los obispos de la República, comenta Carmona (2010), publicaron una protesta que decía:

El Código de 1917 hiere los derechos sacratísimos de la Iglesia católica, de la Sociedad mexicana y los individuales de los cristianos, proclama principios contrarios a la verdad enseñada por Jesucristo, la cual forma el tesoro de la Iglesia y el mejor patrimonio de la humanidad; y arranca de cuajo los pocos derechos que la Constitución de 1857 (admitida en sus principios esenciales como ley fundamental por todos los mexicanos) reconoció a la Iglesia como sociedad y a los católicos como individuos.

[…] No pretendemos inmiscuimos en cuestiones políticas. Tenemos por único móvil cumplir con el deber que nos impone la defensa de los derechos de la Iglesia y de la libertad religiosa. En nuestro carácter de jefes de la Iglesia Católica protestamos contra la tendencia de los constituyentes, destructora de la religión, de la cultura y de las tradiciones. Protestamos contra semejantes atentados en mengua de la libertad religiosa y de los derechos de la Iglesia y declaramos que desconoceremos todo acto o manifiesto contrario a estas declaraciones y protestas.

 

Por su parte, apunta Preciado (2007: 60), el arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, distribuyó una carta pastoral en todos los templos de su arquidiócesis, en la cual convocó a los creyentes a no acatar la nueva Constitución, por ser contraria a la ley de dios. Lo que generó la clausura de ocho templos, incluyendo la misma catedral, por el gobernador José Guadalupe Zuno. La militancia política de Orozco y Jiménez, señala Ríos (2002), como impulsor del movimiento social católico preconizado por el papa León XIII en su encíclica Rerum Novarum (1893), le habían costado dejar el obispado de Chiapas, en 1911. Al ser promovido al arzobispado de Guadalajara, de forma inmediata choco con el gobernador, el recalcitrante liberal y funcionario huertista José López Portillo y Rojas, quien estaba abrumado por una mayoría de diputados de la legislatura local pertenecientes al Partido Católico Nacional, ya que el arzobispo prohibió la lectura de nueve periódicos, además de convocar y presidir procesiones religiosas en la capital de Jalisco.

 

Otras medidas tomadas por la jerarquía católica consistieron en integrar una organización de laicos, una Liga Católica, con autorización del Arzobispo de México, José Mora y del Río, con el propósito de formular críticas y lanzar iniciativas para evitar que se expusiera demasiado a la Iglesia. Se encargó la tarea a Miguel Palomar y Vizcarra, quien desde 1912 se había destacado en el movimiento católico en la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM); a pesar de que las reformas constitucionales fueron aplicadas con tolerancia por el gobierno hasta 1923, comenta Margadant (1991), sobre todo en lo relativo a la ingerencia clerical en las escuelas primarias, la presencia de sacerdotes extranjeros en el país (sobre todo españoles), la existencia de ordenes monásticas (monjas dedicadas a tareas de salud en hospitales), la celebración de rituales fuera de los templos, además de la creación de nuevas diócesis.

 

Esto terminó con lo que el Estado consideró una provocación por parte del clero, al realizarse la coronación de Cristo Rey en el Cerro del Cubilete, en Guanajuato, casi el centro geográfico del país; en donde en 1920 el obispo de León, Emeterio Valverde Téllez, había erigido un pequeño templo que se pensaba ampliar. La ceremonia fue presidida por del delegado apostólico del Vaticano, Monseñor Ernesto Philippi, quien fue expulsado del país días más tarde.

 

Miguel Palomar Vizcarra

 

 

 

Misa en Coalcoman, Michoacán [1928]

La Guerra Cristera, señalan Brading y Cavieres (2004), fue [una]:

…rebelión en que obviamente hubo obispos comprometidos directamente en sus motivaciones, pero también se trató de un movimiento popular, especialmente en la zona centro occidental de México, o sea, en Michoacán, Jalisco, Guanajuato, regiones de propietarios, de rancheros, con gentes de cultura criollo-hispano-mestiza, esencialmente de carácter rural, capaz de ser armadas y lanzar una guerra de guerrillas contra el ejército federal. Entre otras tantas situaciones, fue un momento en que la jerarquía católica demostró al Estado Revolucionario que había límites para su autoridad y, a tal punto, que lentamente se fueron encontrando nuevos acuerdos en los años treinta.

Testimonio de un soldado federal durante la Guerra Cristera. Adolfo Reyes de Vicente Guerrero, Durango. [Producción de Yoxi Abril Orozco Nava y Eduardo Orozco Najera]

 

 

Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas los medios de difusión cambiaron su enfoque, mostrando más interés por temas sociales propios de la clase media, como noticias nacionalistas sobre política y economía, y asuntos indigenistas y rurales, reduciéndose la información sobre la aristocracia y sus asuntos que reproducía periódico El Universal; mientras que el diario Excélsior, convertido en cooperativa de trabajadores en 1938, tenía un seguimiento puntual de la obra cardenista y su visión socioeconómica, además de la propaganda del régimen en sus tareas de reorganización sociopolítica de las corporaciones sociales en torno del partido oficial y el gobierno, mientras la aristocracia empresarial se reducía a reuniones y ceremonias privadas en los deportivos y residencias.

 

 

Cartel de Leopoldo Méndez de 1937 [Taller de la Gráfica Popular]

 

Referencias


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