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Tiempo histórico

Tiempo Histórico

Los hechos históricos nunca suceden en el vacío, siempre están situados en un tiempo (cuándo) y un espacio (dónde). A estas coordenadas podríamos añadir una tercera: los protagonistas o sujetos del hecho (quiénes). Si tratáramos de representar esto en un esquema podría verse así:

El significado del tiempo en historia es uno de los temas más interesantes de la disciplina, un problema teórico que ha preocupado a historiadores y filósofos: ¿cómo perciben el tiempo las distintas sociedades? ¿Pasa rápido o lento, es continuo o se interrumpe? ¿Cómo es representado? ¿De manera lineal y progresiva o de manera circular y cíclica? ¿Qué implicaciones tienen cada una de esas representaciones? Veamos algunos ejemplos sobre esto.

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Cíclico
La visión del tiempo lineal contrasta con la que tenían la mayoría de los pueblos agricultores de la Antigüedad, como los mayas, para quienes el tiempo era cíclico. Esta concepción del tiempo tenía mucho que ver con la interacción constante de los hombres con la naturaleza y la observación de los fenómenos naturales: al día sigue la noche; las estaciones se repiten cada año; la luna realiza el mismo recorrido cada determinado número de días, al periodo de siembra sigue el de la cosecha y luego otra vez el de siembra; el maíz debe morir para que de su semilla crezcan nuevas plantas, etcétera. De este modo, el tiempo era organizado en ciclos y cada ciclo era una repetición del anterior, aunque también marcaba un nuevo inicio para la sociedad maya.
Lineal
A raíz de la Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX, las sociedades que se vieron beneficiadas por sus avances tecnológicos y científicos se imaginaron el tiempo como un continuo fluir –lineal- que conducía inevitablemente hacia el progreso, la prosperidad y la felicidad de todos los hombres. Fruto de esta concepción fue la teoría del positivismo, propuesta por el francés Augusto Comte, quien dividió la historia en tres etapas, cada una superaba a la anterior. Esta noción del tiempo histórico entró en crisis hacia la segunda mitad del siglo XX, pues la experiencia de las guerras mundiales demostró para muchos que el desarrollo industrial y tecnológico no conducía necesariamente a la humanidad hacia el ansiado progreso y felicidad. Sin embargo, las sociedades actuales siguen pensando al tiempo de manera lineal, con un antes y un después al momento en que se ubican (como se ve en las líneas del tiempo que usamos en la materia de Historia).
 

Ahora bien, el tratamiento que se da al tiempo en el estudio de la historia conjuga dos formas complementarias: el tiempo cronológico y el tiempo histórico. El primero se refiere a la medición del tiempo secuencial, es decir, al transcurrir de un momento a otro: días, meses, años, décadas, siglos, milenios. Esta forma de medición del tiempo nos permite ubicar los hechos históricos en una fecha precisa (por ejemplo: 13 de agosto de 1521, caída de México Tenochtitlan).

El tiempo histórico, en cambio, implica distintas nociones y conceptos que sirven para ubicar y explicar tanto los procesos históricos como el movimiento general de la historia. Veamos algunos de ellos:

La periodización es una forma de encuadrar los temas que se estudian en un límite de tiempo específico. Ésta suele expresarse en términos de edades, eras, fases, periodos, sexenios, etcétera. Algunos ejemplos serían: la Edad Media; la era de la informática; la primera fase del movimiento obrero en Inglaterra; el periodo de entreguerras o el sexenio cardenista (periodo presidencial de Lázaro Cárdenas del Río.

Las relaciones temporales se refieren a las conexiones que pueden establecerse entre dos o más fenómenos históricos (causa-consecuencia-causa); a los procesos de transformación de una sociedad (cambio);  a aquello que permanece a lo largo del tiempo (continuidad); y a la confluencia y coexistencia de diversos sucesos o procesos históricos en un mismo tiempo (simultaneidad).

La duración ayuda a establecer la naturaleza y alcance de los procesos y cambios históricos. La corta duración se refiere a acontecimientos muy puntuales que, a la larga son observados como parte fundamental de un cambio o ruptura histórica (las mujeres mexicanas obtienen el derecho constitucional de votar y ser votadas en 1953); la media duración es el tiempo de una coyuntura, cuyo desarrollo puede medirse en décadas (el reconocimiento del sufragio femenino en el mundo a inicios del siglo XX); y la larga duración que corresponde a aquellas estructuras sociales que se mantienen por cientos y cientos de años y que cambian muy lentamente (la condición de desigualdad social de las mujeres y la lucha por el reconocimiento de sus derechos políticos.

Corta duración

Mujer mexicana votando en 1953

Media duración

Movimiento sufragista en Inglaterra principios del siglo XX

Larga duración

“Vindicación de los Derechos de la Mujer” escrito en 1792 por Mary Wollstonecraft

Alumno: